Todos sabemos amar, pues hemos nacido con ese don. Algunas personas lo practican naturalmente bien, pero la mayoria tiene que reaprender, recordar como se ama, y todos, sin excepcion tenemos que quemarnos en la hoguera de nuestras emociones pasadas, revivir algunas alegrias y dolores, malos momentos y recuperacion, hasta conseguir ver el hilo conductor que hay detras de cada nuevo encuntro.
Generalmente estos encuentros suceden cuando llegamos a un límite, cuando necesitamos morir y renacer emocionalmente. Los encuentros nos esperan, pero la mayoría de las veces evitamos que sucedan. Sin embargo, si estamos muy entusiasmados con la vida, entonces lo desconocido se manifiesta, y nuestro universo cambia.
El deseo profundo, el deseo más real es aquel de acercarse a alguien. A partir de ahí comienzan las reacciones, el hombre y la mujer entran en juego, pero lo que sucede antes, la atracción que los unió, es imposible de explicar. Es el deseo intacto, en estado puro. Cuando el deseo todavía esta en ese estado puro, hombre y mujer se apasionan por la vida, viven cada momento con veneración y, conscientemente, esperan siempre el momento adecuado para celebrar la siguiente bendición. Así, las personas no tienen prosa, no precipitan los acontecimientos con acciones inconscientes. Saben que lo inevitable se manifestara, que lo verdadero siempre encuentra una manera de mostrarse. Cuando llega el momento, no dudan, no pierden una oportunidad, no dejan pasar ningún momento mágico porque respetan la importancia de cada segundo.
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